Muchas veces nos preguntan por un lugar destacado en la ruta del Sendero de los Pescadores, como si hubiera una sola experiencia capaz de resumir todo el recorrido. Nunca podemos contestar a esa pregunta ya que es una ruta que va pasando por diferentes lugares de interés, una sucesión de pequeños y grandes descubrimientos que se van desplegando a lo largo de casi dos semanas y más de 200 kilómetros.
Lo que hemos hecho es recopilar algunos de esos lugares que nos han hecho detenernos, por la historia o el paisaje, y los hemos ordenador en la forma que los encontrarías si caminas de norte a sur, desde Porto Covo hasta Lagos.

La primera etapa, al poco de salir de Porto Covo, te sumerge de lleno en algunas de las dunas más salvajes de toda la ruta. Lo que más llama la atención es la vegetación mediterránea, con plantas inclinadas, casi de lado, creciendo en ángulos insólitos por efecto del viento que sopla desde el océano.
Si observas la pequeña isla frente a la costa, descubrirás una curiosa historia cuyo origen sigue siendo motivo de debate. Su nombre significa literalmente «isla del melocotonero». Sin embargo, algunos sostienen que procede del término latino piscatorius, en referencia a una antigua fábrica romana de salazón de pescado donde se producía el apreciado garum (salsa muy antigua y muy sabrosa a base de vísceras y sangre de pescado).
Lo más especial de este lugar es estar viendo un paisaje que parece completamente virgen y, sin embargo, hace casi 2.000 años era un lugar con una actividad industrial.
Para la mayoría de las personas es la primera parada importante de la ruta, y una buena introducción a algo que verás una y otra vez a lo largo de esta costa: una fortaleza modesta y discreta integrada en un pueblo pesquero. Acércate a la desembocadura del río Mira y visita la fortaleza antes de emprender la etapa hacia Almograve.
Algo más al sur, después de Almograve, el sendero llega al faro de Cabo Sardão, encaramado sobre los acantilados con nada más que el Atlántico frente a ti. Es un lugar perfecto para hacer una pausa, comer algo y descansar las piernas. También es uno de los mejores puntos del tramo norte para quedarse unos minutos en silencio observando el mar.
Pero mira hacia abajo en lugar de hacia el horizonte y quizás descubras a los habitantes más singulares de Cabo Sardão: las cigüeñas blancas que anidan directamente en los acantilados (https://canutosson.com). Este hecho no es solo una curiosidad, ya que se cree que este tramo de costa alberga la última población del mundo de cigüeñas blancas que anidan en acantilados costeros en lugar de hacerlo en árboles o edificios.
Si tuviéramos que elegir el yacimiento histórico más singular de todo el sendero, sería este. Y, sinceramente, no recibe la atención que merece.
Mucho antes de convertirse en una localidad surfera, Arrifana fue ocupada sucesivamente por fenicios, cartagineses, romanos y árabes. El lugar que ha llegado hasta nuestros días es la Fortaleza da Arrifana, un ribat del siglo XII fundada por Ibn Qasî, místico sufí y líder político (https://cm-aljezur.pt). Es la única fortaleza de este tipo identificada hasta ahora en Portugal.
Lo llamativo es lo poco que duró. Las evidencias arqueológicas sitúan su construcción alrededor de 1130 y su abandono hacia 1151, apenas veinte años después. Hoy solo quedan restos, pero el entorno sigue siendo espectacular. Resulta fácil imaginar por qué una comunidad de monjes guerreros eligió este lugar concreto, aunque fuera durante tan poco tiempo.

Sobre la localidad de Aljezur, al borde de una meseta, el antiguo castillo árabe domina el valle y, en los días despejados, la costa que se extiende más allá. La subida desde el pueblo es corta pero empinada y, cuando hace calor, bastante exigente, pero merece la pena por las vistas que ofrece.
Además, el castillo es solo el capítulo más reciente de la historia de este lugar. Las excavaciones realizadas en la colina han descubierto evidencias de ocupación durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, seguidas por periodos romano y visigodo, mucho antes de que se construyera la fortaleza islámica en el siglo X (www.visitportugal.com).

El punto más suroccidental de la Europa continental, con una fortaleza y un faro sobre acantilados de piedra caliza que caen directamente al Atlántico. Durante siglos fue considerado el finis terrae, el fin del mundo conocido. Todo el mundo viene aquí a contemplar la puesta de sol, y aunque algunos días se llena de gente, sigue mereciendo la pena.
Y hay un dato que suele sorprender. Contrariamente a lo que muchos creen, São Vicente no siempre tiene el último atardecer de la Europa continental. Debido a la inclinación de la Tierra, el lugar va cambiando según la estación. São Vicente lo conserva durante el otoño y el invierno, pero en primavera pasa a Cabo da Roca y, en pleno verano, el último atardecer del continente se produce tan al norte como Måsøy, en Noruega.
Eso no hace que la puesta de sol sea menos especial, significa que el título de «fin del mundo» es más relativo que lo que sugieren las postales.
A poca distancia al este de Cabo de São Vicente, la fortaleza de Sagres transmite algo distinto: menos sensación de estar en el borde del mundo y más la de una sólida fortificación histórica estrechamente vinculada a Enrique el Navegante y a la Era de los Descubrimientos portuguesa (www.museusemonumentos.pt/sagres-fortress).
La historia más difundida afirma que Enrique fundó aquí una auténtica «Escuela de Sagres» donde se formaron los grandes navegantes de la época. Sin embargo, la mayoría de los historiadores de hoy consideran que se trata de una leyenda posterior más que de un hecho documentado. Lo que realmente hizo Enrique fue reunir marineros, cartógrafos y fabricantes de instrumentos de navegación de una forma mucho más informal de lo que sugiere la historia de la escuela.
El elemento más misterioso del lugar es la Rosa de los Vientos, una enorme estructura circular de piedra de unos 43 metros de diámetro descubierta a comienzos del siglo XX. Nadie ha conseguido confirmar definitivamente su relación con Enrique, precisamente por eso resulta mucho más interesante que la leyenda de la escuela.

El último tramo hacia Lagos reserva uno de los espectáculos naturales más bonito de toda la ruta. Las cuevas marinas y los arcos naturales de Ponta da Piedade son realmente impresionantes: formaciones de piedra caliza en tonos ocres y dorados que emergen sobre unas aguas cuyo color parece casi irreal en las fotografías.
La roca está formada por calizas del Mioceno, depositadas como sedimentos hace millones de años y modeladas lentamente por el mar hasta crear los arcos y pilares que hoy contemplas (https://geoloquium.eu).
Muy cerca se encuentra Praia do Camilo, una pequeña playa que bien merece un desvío, incluso si las piernas notan el esfuerzo acumulado. Eso sí, hay que tener en cuenta un detalle: para llegar a esta playa hay que bajar unos 200 escalones... y luego volver a subirlos.
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No todos los lugares especiales tienen que ser históricos ni necesitan una explicación. En el tramo entre Vila do Bispo y Cabo de São Vicente hay una señal de madera cerca de Praia do Telheiro que, por alguna razón que nadie en S-Cape ha logrado averiguar, muchas veces está cubierta de caracoles.
Al final, tras visitar las playas, calas, fortalezas y formaciones rocosas, esta es la foto que más nos gusta y más enseñamos. Hay que estar abierto al viajar y dejarse sorprender por lo que pueda ocurrir.
Desde el primer momento que llegué a España, allá por el año 1988, quedé fascinada por la diversidad de paisajes que ofrecía este país. Mi primer descubrimiento fueron los Picos de Europa, al norte de España, donde en aquel momento estaba desarrollando investigaciones de antropología…..y donde finalmente acabé diseñando viajes en bicicleta y de senderismo para un tour operador holandés. A éstos primeros viajes siguieron muchos otros, pero allá donde iba descubría en todos mis nuevos destinos magníficos senderos, paisajes, culturas, gastronomía y hospitalidad. Es un placer poder compartir mi amor y mi conocimiento adquirido sobre este país contigo. ¡Por favor, conviértete en mi invitado!”.
Horarios de apertura: 9:00 – 18:00
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