Hay muchas cosas que hacen de los Países Bajos un destino ideal para un viaje en bicicleta. Las bonitas zonas agrícolas, la extensa red de carriles bici y la culturta ciclista en general, destacan de inmediato.
Pero otra gran ventaja es la gran cantidad de pueblos preciosos y bien cuidados, situados a corta distancia unos de otros, perfectos para ser descubiertos en bici.
Desde la costa frisona (norte del país) hasta la verde región de Achterhoek (sureste), aquí tienes nuestra selección de algunos de los pueblos más bonitos de los Países Bajos que no deberías perderte en tu próximo viaje en bici.
A menudo eclipsada por su vecina Sneek, IJlst destaca entre las históricas “Once Ciudades Frisias” por su urbanismo único.
Si recorres la ruta del Elfstedentocht, encontrarás un montón de rincones fotogénicos con tilos y canales tranquilos cruzados por puentes antiguos.
Pero lo que realmente define a la localidad son sus overtuinen o “jardines junto al agua” (Waterlandvanfriesland.nl). Estos jardines se encuentran frente a las casas que dan a un canal (foto aquí arriba), creando un corredor verde y exuberante justo al borde del agua. Un pase en barca es de lo más relajante por ese pueblo.
Consejo local: Aunque las vistas de los canales suelen acaparar todos los elogios, la verdadera joya aquí es el molino de madera Houtzaagmolen De Rat (google.es/maps). No es solo un molino pintoresco; es un molino de aserrar madera en funcionamiento desde hace más de tres siglos. Si las aspas están girando, a menudo puedes entrar y ver cómo se cortan enormes troncos en tablones usando únicamente la energía del viento.
Bronkhorst cumple con su título de “la ciudad más pequeña de los Países Bajos”, un reconocimiento que recibió en 1482 a pesar de tener un tamaño más bien de pueblo.
Pero tiene mucho más que ofrecer que esta estraña distinción. Es un lugar sorprendentemente bien conservado, con un conjunto de casas estilo granja restauradas y calles empedradas que parecen totalmente desconectadas del mundo moderno.
Situada en la región de Achterhoek, cerca del río IJssel, es un punto destacado en las rutas de ciclismo a lo largo de la Liga Hanseática (antigua asociación de gremios) y ofrece un contraste frente a otras ciudades más concurridas, aunque igualmente pequeñas y bonitas, como Zutphen.
Consejo local: Visita la Kunstgemaal, justo a las afueras del pueblo, una histórica estación de bombeo de vapor convertida en galería de arte contemporáneo (openmonumentendag.nl).
Situado sobre un dique que separa el río Spaarne de la antigua bahía del IJ, el pintoresco pueblo de Spaarndam fue un punto clave en las vías fluviales entre Haarlem y Ámsterdam.
Hoy, si viajas de Ámsterdam hacia las dunas del Parque Nacional Zuid-Kennemerland, sigue siendo una excelente parada. El centro del pueblo está dominado por esclusas e instalaciones hidráulicas históricas que han regulado el nivel del agua en la región de Rijnland durante siglos, creando un entorno portuario lleno de embarcaciones tradicionales.
Consejo local: Aunque la estatua de Hans Brinker atrae a los visitantes, la maravilla de ingeniería aquí es la Kolksluis (Wikipedia.org/nl). Pequeña y fácilmente pasada por alto, data de 1280 y se considera la esclusa en funcionamiento más antigua de Europa.
Hindeloopen es un poco diferente. Culturalmente, se distingue del resto de Frisia por su pasado de comercio marítimo con Escandinavia y los estados bálticos. Como resultado, desarrolló un dialecto propio, un vestuario distintivo y un estilo decorativo altamente elaborado (Hindelooper schilderkunst) que adorna muebles e interiores locales.
Hoy, el pueblo es un divertido laberinto de calles estrechas y antiguas casas de capitanes de barco que se abren hacia la costa ventosa del Zuiderzee y el mar del Norte.
Consejo local: Visita el Sylhús (Casa de la esclusa) en la entrada del puerto (Friesland.nl). Tradicionalmente, allí estaba el leugenaarsbank (banco de los mentirosos), donde los pescadores se reunían para intercambiar historias y hazañas del mar.
Durgerdam presume de uno de los paisajes más icónicos de la región de Waterland. Se caracteriza por una hilera larga de casas de madera, muchas pintadas en tonos claros o el verde tradicional, situadas sobre un dique frente al mar interior Markermeer.
Es una parada popular para ciclistas que vienen de Ámsterdam, a donde se llega rápidamente para cambiar del bullicio de la capital a la calma que ofrece el mar interior. El pueblo en sí es un paisaje protegido (beschermd dorpsgezicht), lo que asegura que sus edificios del siglo XVII y XVIII permanecen intactos y conservados, perfectos para un paseo.
Consejo local: La aparente calma del agua esconde una historia local conmovedora conocida como el “Drama de Durgerdam”. Un pequeño monumento conmemora el año 1849, cuando los pescadores locales quedaron atrapados en un témpano de hielo durante 14 días en un duro invierno.
El nombre es famoso en todo el mundo por el queso, pero Edam ha estado mucho tiempo dedicada a la construcción naval. Durante la Edad de Oro holandesa, sus astilleros fueron de los más productivos del país. Esta riqueza financió la construcción de la arquitectura en ladrillo, casas de té y canales que aún recorren el centro urbano.
A diferencia del puerto turístico de Volendam, Edam es tranquila y elegante, un buen lugar para detenerse a tomar un café durante una ruta en bici. Y el centro alberga algunos monumentos interesantes, como la imponente Grote Kerk (visitarmasterdam.com), que conserva unas vidrieras preciosas del siglo XVII.
Consejo local: Fíjate en el Kwakelbrug, un puente levadizo de madera que cuando se abre alcanza una posición casi vertical. Es uno de los pocos ejemplos que quedan que han sido diseñados para permitir que barcos de mástiles altos naveguen por canales estrechos.
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Horarios de apertura: 9:00 – 18:00
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